Para mí, esto es historia – Mohamed Lakhdar Tati, ‘Dans le silence je sens rouler la terre’

[Basem Al Bacha 8 octubre 2012]

En el silencio, oigo rodar la tierra es una película con historia, y por ello quiero decir que no se trata de una película sobre historia. La diferencia entre una y otra forma de ver la relación entre cine e historia, radica en el papel que se le otorga al presente. El cine con historia parte del presente, se inicia en una voluntad de recuperar el testimonio libre de ataduras narrativas, de revisitar las ruinas, de trabajar el poder evocador de la fragilidad de la memoria. El cine sobre historia, por el contrario no necesita del presente, existe a pesar del presente En el silencio, oigo rodar la tierra se desmarca de la visión totalizadora del relato histórico, no pretende imponernos un discurso determinado, al contrario, nos propone más dudas que certezas, nos invita a una presentación de la historia a pie de calle, rastreando la búsqueda de huellas, testimonios frágiles de un pasado desconocido.

Tras la guerra civil en España, muchos republicanos huyeron de las tropas de Franco a las costas de Argelia, donde acabaron por ser recluidos en campos de concentración. Por aquel entonces, las tropas francesas ocupaban Argelia, y al igual que hicieron al otro lado de los Pirineos con los republicanos huidos, Argelia no fue una excepción. Tati se adentra en la memoria frágil de algunos testigos o conocedores de aquel aspecto de la historia de Argelia, rescatando algunos aspectos de aquel episodio.

La particularidad de muchas de las películas sobre acontecimientos en la historia de la humanidad es precisamente la ausencia de la propia historia. Ésta, es una caja de resonancia que no deja de emitir sus ondas, proyectándose en el presente y futuro de la sociedad. La opción que elige el cineasta es precisamente la de enfrentarse a estos embistes que el paso del tiempo siempre nos propone, a través de las ruinas o de los relatos conservados en la memoria. La historia de la humanidad es una fuente inagotable de ideas para filmar, pero quizá en esta facilidad está el peligro.

Tati se adentra en la debilidad de la memoria colectiva sobre un episodio que de cierta forma les afectó a los argelinos de forma periférica. Algunos tienen recuerdos y se preocuparon por investigar lo sucedido, otros incluso pueden dibujar el plano del campo. Pero la actitud de Tati no es la de un devorador “historicista”, es un caminante que conoce el poder evocador de los lugares y de sus fantasmas:

“En realidad, me di cuenta en seguida que la forma más segura de hacer esta película era trabajar sobre lo que ha sobrevivido. Cuando comencé a leer poesía de Aub. Max Aub en sus poemas habla sobre el viento. Sobre todo cuando se refiere al campo de Djelfa. Y cuando estuve sobre la colina donde estaba el campo, lo primero que me sorprendió fue el viento. Tenía la impresión de que estaba siendo golpeado por el mismo viento que Max Aub y sus amigos, temían tanto. Y entonces llegué a la conclusión de que había que hablar de esa huella y no basarme en los archivos. Y la poesía de Max Aub me ha servido para indicarme el camino que debía tomar para contar esta historia”

El cine es un lenguaje que remite constantemente a otras imágenes, contiene en si un dialogo interminable entre imágenes, aquellas que vemos, aquellas que reconstruimos, aquellas que creemos haber visto. En el silencio, oigo rodar la tierra, es una película que nace del testimonio de un poeta y que revisita aquellos lugares referenciados, en busca de aquel viento, o de aquella alambrada. Jacques Derrida, nacido en Argelia, al reflexionar sobre Shoa de Claude Lanzmann, hacía referencia al acto de presentar de nuevo en lugar de representar lo sucedido. Se trataba de “re- presentar” de nuevo lo acontecido a través del testimonio, de la imagen nueva, aquella que formamos mientras a estamos vi-viendo (ellos en tanto filmadores y nosotros en tanto espectadores). Nunca podremos ver aquellas imágenes, y tampoco es garantía de que veamos mejor después de haberlas visto. Sólo tenemos el poder del testimonio y el paisaje de la ruina, testigo mudo de lo sucedido:

“…cuando filmo los lugares donde estuvieron los campos, la desolación que describe Max Aub está todavía presente y hay gente que vive en esos lugares, ciertos campos se han convertido en barrios de chabolas. Así que muestro la desolación que impera en esos lugares. Y como la gente no hace el vinculo con la historia, tenían la impresión de que estaba haciendo una crítica contra la Argelia de hoy, algo que de alguna forma es verdad.”

Y cuales son la imágenes que tenemos que ver?, cuales son las imágenes que la entidad superior (el Estado, la ideología del Estado) decide que sean emitidas, repartidas, inflamadas como dardos constituyentes de un nuevo resurgir?. La historia del mediterráneo, por no alejarnos mucho de las costas argelinas o españolas, está llena de este impulso imaginario. Que sirve para sostener las bases de Estados jóvenes, que se llevan por delante otras “historias” (por razones de confesión religiosa, étnica, política, etc…), y que terminan por ridiculizar a los propios sujetos del discurso. Tati en esta película acepta el reto de hablar sobre esta imagen de Argelia, enseñada y alimentada a lo largo de su reciente historia. No recurre a la denuncia por que no es su objetivo, hablar sobre historia es hablar sobre “historias“. Es inevitable, lo que está vivo no responde a un sola preocupación, contiene muchas líneas de narración.

“En Argelia tenemos un relación con la historia extremadamente ambigua. El estado argelino ha cultivado una amnesia histórica, ha monopolizado la historia para legitimarse. Y la gente termina por apropiarse de esa memoria. Yo quería estar del lado de la gente. En mi opinión, el discurso oficial se burla de la historia, y la gente que ha vivido cerca de los campos conserva recuerdos extremadamente frágiles pero muy bellos. Quería subrayar esa memoria y burlarme del discurso oficial que es de alguna forma manipulador”

La película comienza con una visita a un museo, donde se muestra como vivía el “argelino” en el pasado, un guía ejecuta la clase de historia, así vivíamos, así comíamos, así dormíamos, así trabajábamos:

“… las secuencias del museo y del archivo constatan como se forma la propia imagen de Argelia. Una imagen que folcloriza un poco a la propia población. Si fueran los lugares no importaría, pero la propia gente siente que son objeto de una percepción y esto me produce rabia, me rebelo contra este discurso. Sin embargo, cuando me acerco a la gente me hablan o me muestran este trazo tembloroso de una memoria frágil, donde apenas aparecen las palabras. Encuentro esto extremadamente bello. Para mí esto es historia.”

En el silencio, oigo rodar la tierra contiene más de una película, se habla de esta percepción folclórica del argelino, de sus dificultades en la actualidad, de sus anhelos, fantasmas que van y vienen, como el viento. Historia es “historias”, algo que está vivo pero que es frágil al mismo tiempo. Es un trabajo de renuncia, donde las imágenes de archivo y el poder descriptivo de los archivos son dejados de lado, la memoria y el eco del olvido son los instrumentos elegidos. Las palabras de Tati, que ayudan a titular este texto, son programáticas: “para mí esto es historia”.

Dans le silence je sens rouler la terre‘ se proyecta, dentro de la sección Argelia: 50 años de Historia y Cine, el próximo 18 de octubre en la Filmoteca Josefina Molina. ¡Os esperamos en el Festival de Cine Africano de Córdoba!

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