Las (pocas) películas africanas de Cannes 2017

Esta noche empieza la 70ª edición del famosísimo Festival Internacional de Cine de Cannes, sin duda la cita internacional más importante para todos los cines del mundo. Sin embargo, las películas africanas suelen ser las grandes olvidadas del evento. En esta edición 2017 de hecho, ninguna película africana figura entre los 19 metrajes que compiten a la Palma de Oro que otorgará Pedro Almodovar, presidente del jurado oficial, y sus compañeros.

Por suerte, la sección Una Cierta Mirada acoge por su parte dos películas norteafricanas. En Alaa Kan Ifrit (La bella y la jauría), de la prolífica y ya reconocida directora Kaouther Ben Hania, Mariam, una joven tunecina conoce a Youssef durante una fiesta de estudiantes pero unas horas más tarde deambula por la calle en estado de shock.  Comienza para ella una larga noche durante la cual tendrá que luchar para hacer respetar sus derechos y su dignidad. Ben Hania ya destacó en Cannes con su sorprendente Challat de Tunis incluido en la sección ACID en 2014. El primer largometraje de ficción del argelino Karim Moussaoui, En attendant les hirondelles, es el otro título seleccionado en esta sección. El autor de Les Jours d’avant, ganador del premio a mejor cortometraje en el FCAT 2013, realiza un retrato de la Argelia contemporánea con tres historias y tres generaciones, la de Mourad, un promotor inmobiliario, divorciado, que siente que pierde el control sobre su vida, Aïcha, una joven que se debate entre su deseo por Djalil y otro destino prometido y Dahman, un neurólogo que se ve atrapado por su pasado en la víspera de su matrimonio.

Por su parte la Quincena de los Realizadores se abre este año al cine subsahariano con la ópera prima de Rungano Nyoni, también ganadora de un premio a mejor cortometraje en el FCAT de 2009 con Mwansa the Great. Con I Am Not a Witch, la directora zambiana nos lleva de nuevo a su universo personal y fantasioso, contándonos esta vez la vida de Shula, una niña de 9 años acusada de brujería y condenada a vivir atada por un lazo en el campo de las brujas con un sortilegio: si corta su lazo será considerada maldita y se transformará en una cabra blanca.

I Am Not a Witch_RunganoNiony_2017

La gran novedad de Cannes 2017 respecto a los cines de África reside en la sección Cannes Pantallas Junior, que ofrece a su público jóven la película de Burkina Faso Wallay, estrenada en la última Berlinale y ganadora del premio del público de la última edición del FCAT. El director suizo-burkinés Berni Goldblat pone en escena a un adolescente parisino cuyo padre, decepcionado con su comportamiento de “promesa” de delincuente, decide mandar a su país de origen para darle un lección. Con Ali, la chèvre et Ibrahim (Alí, la cabra e Ibrahim), los jóvenes disfrutarán de una comedia egipcia, primer largometraje de ficción de Sherif El Bendary, que narra las aventuras de dos amigos, Ibrahim, ingeniero que sufre de acúfenos y Ali, secretamente enamorado de su… ¡cabra! Juntos emprenden un viaje terapéutico que les llevará de Alejandría al monte Sinaí y que revolucionará sus vidas.

Wallay_Berni Goldblat_2017

Estas cinco películas, a las cuales habría que añadir el metraje de Med Hondo, Soleil Ô (1969) – cuya versión restaurada por la Cineteca di Bologna por iniciativa de la World Cinema Foundation de Martin Scorsese, será proyectada en Cannes Classics – son las únicas africanas seleccionadas en las secciones principales de la cita “Cannoise”. Si la Semana de la Crítica acoge algunos metrajes rodados en África, como Gabriel e a montanha del brasileño Felipe Gamarano Barboso que rodó en parte en Kenia y Makala, del francés François Emmanuel Gras, que narra una historia implantada en Congo, ningún título dirigido por un cineasta africano figura en esta sección, ni tampoco en la sección de cortometrajes a concurso.

África estará bastante ausente este año de las pantallas de Cannes. La cuestión es saber si esta escasa presencia de películas africanas representa una proporción real de la producción africana de calidad respecto al resto de la producción mundial, lo que sería bastante preocupante, y me atrevo a creer que no es el caso, o por el contrario si el festival francés sigue con su tendencia a ningunear a los cines del continente vecino, lo que sigue siendo bastante preocupante también. Habrá que ver si las próximas grandes citas con peso internacional que quedan en el año, como Locarno o Venecia, muestren más valentía en sus selecciones con respecto a los cines africanos .

Marion Berger, programadora del FCAT

 

 

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