Las 10 mejores películas africanas de 2016

Hace apenas dos semanas que despedimos un año en el que vimos cerca de 300 películas llegadas de los cuatro puntos cardinales del continente africano. Algunas nos hicieron llorar frente a la pantalla, otras que nos hicieron reír, algunas nos apasionaron más que otras y otras pasaron desapercibidas. Eso sí, todas ellas merecen un respeto inmenso por la indiscutible advocación con que los cineastas se embarcan en un proceso que no siempre es fácil. Mientras algunos directores más consagrados cuentan con más medios, otros luchan contra viento y marea para que un día sus ideas se vean plasmadas en la gran pantalla.

No obstante, a pesar de que tengamos que guardar un cierto alejamiento con respecto a nuestras preferencias personales, por una vez nos parece bien mojarnos hasta los talones y seleccionar con las manos secas las diez cintas africanas producidas en 2016 que más nos han encandilado. Y, aquí y ahora, anunciamos que muchas de ellas podrán verse por primera vez en España del 28 de abril al 6 de mayo en la 14ª edición del Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger. No hay excusas para decir que no se puede ver cine africano en nuestro país. Allí nos vemos.

Nuestra selección:

1. AKHER WAHED FINA (The Last of Us) de Ala Edine Slim (Túnez)

Ausente de diálogos, The Last of Us persigue la pista de un subsahariano a través del desierto del norte de África, donde roba un barco. Cuando se rompe en medio del mar, comienza una odisea imaginaria surrealista en la cual se encuentra a un anciano, que podría ser una versión de sí mismo, y, en un paisaje salvaje, redescubre su relación con la naturaleza.

2. MIMOSAS de Oliver Laxe (España/Marruecos)

Una caravana transporta a un anciano y moribundo Sheikh a Sijilmasa. Su última voluntad es ser enterrado junto a los suyos, pero muere mientras suben las escarpadas cumbres del Atlas marroquí. Los viajeros, temerosos de la montaña, se niegan a seguir transportando el cadáver. Ahmed y Said, dos buscavidas que viajan con la caravana, dicen conocer el camino a Sijilmasa y se ofrecen a llevar su cuerpo hasta allí. La esposa del Sheikh duda de ellos. En un mundo paralelo y remoto, a Shakib lo eligen para viajar a las montañas con la misión de ayudar a los improvisados caravaneros a llegar a su destino. A Shakib también le asaltan las dudad; se trata de su primera misión.

3. AKHER AYAM EL MEDINA (In the Last Days of the City) de Tamer Saïd (Egipto)

Inmerso en el esplandor decadente de El Cairo, Khalid, director treintañero, lucha para realizar una película que capte el alma de su ciudad en un momento en el cual sus sueños, a semejanza de los edificios y establecimientos, parecen desmoronarse a su alrededor. Gracias a algunos amigos que desde Beirut, Bagdad y Berlín le cuentan su propia vida a través de un vídeos, Khalid encuentra la fuerza de seguir adelante, entre la dificultad y la belleza de vivir “los últimos años de la ciudad”.

4. THE REVOLUTION WON’T BE TELEVISED de Rama Thiaw (Senegal)

Los hombres viejos que se agarran, brutal e implacablemente, a su papel de jefe de Estado, tienen una imagen muy negativa en muchos países de África, incluso en Senegal. Cuando el presidente Abdoulaye Wade intentó ocupar de nuevo el poder en 2011, surgió un movimiento de resistencia en las calles de Dakar. Un poco después, un grupo de amigos, entre ellos los raperos Thiat y Kilifeu, fundó el colectivo “Y’en a marre” (“Estamos hartos”), al que no tardó en unirse la cineasta Rama Thiaw para empezar a documentar los acontecimientos e investigar sobre el activismo de los raperos y su influencia en la movilización de la juventud africana alzada contra esos presidentes que aspiran a un tercer mandato.

5. HISSÈNE HABRÉ, UNE TRAGÉDIE TCHADIENNE de Mahamat Saleh Haroun (Chad)

En 2013, la detención en Senegal del antiguo dictador chadiano Hissein Habré marca el fin de un largo combate para los supervivientes del régimen. Acompañado por el presidente de la Asociación de las víctimas del régimen de Hissein Habré, Mahamat Saleh Haroun acude al encuentro de los sobrevivientes a esta tragedia que aún se ven afectador por los estigmas del horror en su piel y en su alma. Gracias a su valentía y determinación, las víctimas crean un hecho sin precedentes en la Historia de África, juzgar a un antiguo jefe de Estado.

6. HEDI de Mohamed Ben Attia (Túnez)

Hedi es un hombre joven con grandes sueños, pero que debe hacer frente a las convenciones sociales de Túnez. Siempre ha permitido que su madre decida su vida por él y así se encuentra comprometido con Khedija. Pero en la misma semana que se va a celebrar su matrimonio conoce a Rim en un viaje de negocios a Mahdia. Ella organiza viajes en un hotel y ambos acaban involucrados en una apasionada relación que obliga a Hedi a replantearse su situación y la decisión que tendrá que tomar.

7. ZAINEB TAKRAHOU ETHELJ (Zaineb n’aime pas la neige) de Kaouther Ben Hania (Túnez)

Año 2009: Zaineb tiene nueve años y vive con su madre y su hermano pequeño en una casa de las afueras de Túnez. Su padre ha muerto en un accidente de tráfico. Su madre se dispone a rehacer su vida con el hombre del que estaba enamorada antes de casarse con el padre de Zaineb. Ese hombre vive en Canadá. Le dicen a Zaineb que allí podrá por fin ver la nieve. Pero ella no le interesa. Su padrastro y Canadá le provocan desconfianza y, además, a Zaineb no le gusta la nieve.

8. ATLAL de Djamel Kerkar (Argelia)

Argelia, con el fin del terrorismo de 1991 a 2002, contabiliza la pérdida de más de 200.000 vidas. Wlad Allal es un lugar suspendido en el tiempo y en el espacio. Una pequeña ciudad que, en el otoño de 1997, vivió una intervención militar masiva que la acabó destruyendo. Diversos estratos de la historia argelina ocurrieron en aquel lugar, convertido en un área de constante transformación. Wlad Allal hoy es silencio y hierbas secas que continúan creciendo al lado de nuevos edificiones, que emergen del suelo y están aún en construcción, como siluetas de fantasmas. La palabra “Atlal” en árabe significa ruinas. Pero es también una práctica de la poesía pre-islámica que consiste en situarse frente a las ruinas y contemplarlas, para extraer recuerdos, memoria, un futuro posible.

9. JASSAD GHARIB (Foreign Body) de Raja Amari (Túnez)

La escenografía se centra en Samia (Sarra Hannachi), una joven mujer que llega clandestinamente a Francia después de la revolución tunecina. Obsesionada con la idea de ser capturada por un hermano islamista al que había denunciado, encuentra refugio en casa de Imen, un conocido de su pueblo, después en casa de Christine (Hiam Abbass), donde acaba trabajando. Entre ella y sus nuevas amistades, el deseo mezclado con el miedo agudizan las tensiones y complican su camino hacia la libertad.

10. WULÚ de Daouda Coulibaly (Mali)

Ldji, 20 años, es un voceado para el transporte en minibús pero no obtiene el reconocimiento deseado por su jefe para hacerse chófer, mientras que necesita dinero para que su hermana salga de la prostitución. Entonces, decide contactar un traficante, Driss, para que lo contrate. Se convierte en contrabandista y trafica droga entre Mali, los países vecinos y grupos narco-terroristas. Progresa rápidamente y conoce a Assitan, pero la moneda tiene otra cara.

Deja un comentario