“La revolución no será televisada”, tampoco en Senegal

Entrevista con Rama Thiaw por Marc Girardot – Berlin – 11 de febrero de 2016

The Revolution Won’t Be Televised es la segunda parte de la trilogía documental de Rama Thiaw, en la cual investiga la relación entre la política y la cultura. La serie empezó con Boul Fallé, el camino de la lucha, rodado en 2009, y el tercer volumen de la trilogía seguirá a seis músicos de reggae en diferentes países. The Revolution Won’t Be Televised ha sido presentado en la Berlinale 2016 donde ganó el Premio de la Crítica entregado por la FIPRESCI en la categoría Forum y una mención especial de Caligari Filmpreis. Rama Thiaw ofrece un documental profundamente estético, en el cual cuenta una parte de la historia senegalesa y explica cómo su país está en una fase de cambio.

Marc Girardot: En su documental The Revolution Won’t Be Televised, sigue la evolución del movimiento ciudadano “Y’en a marre” en Senegal, fundado en parte por raperos como Thiat y Kilifeu de Keur-Gui Crew. Los conoció en 2010 y les preguntó si estuvieran de acuerdo que hiciera una película sobre ellos. En esta época, “Y’en a marre” no había empezado todavía, pero les contó que sería mejor filmar durante el periodo de elecciones en 2012. ¿Qué fue lo que le llamó la atención de ese grupo? ¿Nos puede explicar cómo notó en ese momento que esos hombres pudieran tener un rol importante en el panorama político de este periodo en Senegal?

Rama Thiaw:  Thiat y Kilifeu han sido músicos y activistas desde hace más de 20 años. Por eso sabía que iban a hacer algo, y era lógico que hicieran algo importante durante el periodo de las elecciones. Eran los primeros en criticar al presidente Wade, pero criticaban también al presidente anterior, Abdou Diouf. Nunca les ha asustado contar la verdad. Pero no me esperaba que iniciaran un movimiento civil de esa amplitud. Ha sido una sorpresa para mí porque nosotros los senegaleses no solemos manifestarnos en la calle. No era habitual en nuestras costumbres antes de “Y’en a marre”. Pero estas personas nos sirvieron de inspiración. Ha sido algo realmente nuevo porque había muchas mujeres y ancianos en la calle con los jóvenes. No ha sido sólo un movimiento joven.

MG: Mirando su película, es fácil imaginar que las condiciones de rodaje han sido bastante difíciles.

RT: Las condiciones han sido horribles. Para empezar, no teníamos mucho presupuesto. Tuve que pagar de mi bolsillo el primer rodaje durante las elecciones. Con lo cual tuve que tirar de un equipo muy joven e inexperimentado en su gran mayoría. Ha sido su primer experiencia de rodaje de un largometraje documental. ¡Eso fue el primer problema! También quería filmar según algunos criterios estéticos. Hemos hecho un importante trabajo sobre la estética de la película. Era muy importante para mi subrayar las pieles morenas en esta película. A veces no teníamos tiempo para hacer los ajustes necesarios porque había tiroteos, gas o policías que nos perseguían. El país estaba sumido en el caos. Tuve que anticiparme en cuanto al momento de rodar las escenas y las secuencias. A veces tuvimos que rodar con 50 grados de temperatura. Ha sido un rodaje extenuante. Era la única mujer del equipo, en medio de seis hombres. Aquí en Senegal, no se da mucho crédito a las mujeres, incluso a las mujeres negras, nadie imagina que puedan saber algo de técnica de sonido, de cámara o de fotografía. Siempre piensan que son ayudantes de cámara. Esa ha sido otra de las principales dificultades.

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MG: Ha elegido el título The Revolution Won’t Be Televised inspirándote en la canción de Gill Scott Heron. Este texto se considera como una de las primeras canciones del rap. Como sabemos todos, el rap proviene de los ghettos norte-americanos. El rap permitió abordar muchas injusticias de nuestra sociedad y dar voz a los que nadie solía escuchar. Después de la popularización global del hip hop, el objetivo del rap ha cambiado un poco. Empezó a centrarse más en cuestiones de personalidad, de éxito, de riqueza, de maneras de vivir… ¿Diría que el hip hop volvió a su mensaje original con el activismo de “Y’en a marre”?

RT: Es importante subrayar que hicimos referencia a Gil Scott Heron, el abuelo del rap, porque se movía por las palabras, lo que no es totalmente el caso del hip hop. La primera canción de hip hop fue una canción de entretenimiento. La primera grabación de hip hop fue realmente divertida y para nada política. La segunda ola del hip hop se volvió política con Africa Bombaataa (fundador de Zulu Nation), KRS-One, etc… Es esta ola que hemos llamado “el hip hop consciente”. Thiat y Kilifeu consideran que hacen un hip hop comprometido con mucha consciencia. Para ellos ¡ese es el verdadero hip hop! Por eso dicen: “Seremos los guardianes del templo, los ortodoxos”.  El título de esa canción, el texto de Gil Scott Heron y todo lo que acontecía, todo era lo mismo para mí. Gill Scott Heron era también miembro de los Black Panthers antes de ser artista. En su texto habla de cómo los medios de comunicación en EE.UU ridiculizaron y catalogaron el movimiento activista negro. Encontré la misma actitud en lo que aconteció aquí. En la época, los medios decían que los Black Panthers eran simplemente violentos, pero no hablaban de las cuestiones sociales por las cuales estaban luchando, ni de su ideología. Cuando quise rodar la película estábamos en 2009. En 2010, decidimos rodar durante el periodo de las elecciones de 2012. Cuando llegué, había muchos equipos de televisión grabando el movimiento “Y’en a marre”. Se sentían mucho más legitimados que yo. Por eso llamé mi película The Revolution Won’t Be Televised. Era muy divertido ver a tantos periodistas allí, y que nadie hubiera oído hablar de nuestra revolución de manera adecuada. Nunca han enseñado el lado profundo de lo que estaba ocurriendo en Senegal. Todo esto me hacía reír. Y curiosamente, Gil Scott Heron falleció en 2011.

MG: Esta película trata de Senegal y ha sido realizada por senegaleses, lo que da a su documental una credibilidad histórica evidente sobre el tema tratado. ¿Fue esta su primera intención?

RT: ¡Sí! Quería mostrar mi propia historia. Era realmente importante grabar estos hechos a los cuales las futuras generaciones podrán agarrarse cuando quieran conocer su propia historia. Porque todos los hechos e imágenes que tenemos sobre nuestra historia han sido realizados por blancos. Necesitamos contar nuestra historia con nuestra propia voz. Creo que es la diferencia entre mi película y otras. Creo que se podría organizar un taller interesante mostrando todas las películas que se han hecho sobre “Y’en a marre”. Estoy convencida de que sería muy divertido.

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MG: Ha estructurado la narración de su documental alrededor de la carta de Khady Sylla (una escritora y cineasta senegalesa). Esta carta está dirigida a Thiat y explica que Senegal ya ha tenido figuras revolucionarias como Omar Blondin Diop, entre otros, y que Senegal verá nacer a más personajes revolucionarios después de “Y’en a marre”. ¿Qué tipo de impacto puede tener la cultura senegalesa en cuestiones políticas?

RT: En primer lugar, Khady Sylla hace de puente entre dos generaciones de revolucionarios, pero también entre artistas. Blondin Diop fue el fundador del Partido Marxista-Leninista de Senegal. Era también actor y actuó en una película de Jean-Luc Godard, La Chinoise, en 1967. Lo que quería mostrar era que la música y el arte en mi cultura no son solo puro entretenimiento. Están directamente vinculados a cuestiones políticas y sociales. Porque la música es un vector para dar información. Mucha gente es analfabeta en Senegal (el 54% de la población). Por eso tenemos nuestra tradición de transmisión oral. A través de la música, podemos compartir y difundir información. Incluso en los encuentros políticos suele haber un pequeño concierto antes de empezar los actos. Si quieres tener impacto, es necesario que estés acompañado por músicos: es el ADN de nuestra vida social y política. Por eso no hay diferencia entre cultura y política.

MG: The Revolution Won’t Be Televised presenta un nivel de pensamiento intelectual muy alto. A través de la elocuencia de Khady Sylla, a través del activismo del equipo de “Y’en a marre”, la riqueza del idioma wolof que aflora en sus textos, la emancipación del pueblo de Senegal… Está luchando en contra de los estereotipos que se suelen asociar a los africanos, tanto en la sociedad occidental como en sus películas, desde hace mucho tiempo. En 2016, ¿se siente a veces ofendida todavía por algunas películas que dan una mala imagen de los africanos?

RT: En el biopic de Nina Simone, parece que estamos todavía en 1930, con blancos que se pintan la cara para actuar de negros. Quiero decir, ¿qué pasa? Tenemos grandes actores negros, tenemos grandes directores, tenemos incluso productores. Con lo cual, ¿por qué no podemos juntar estas tres figuras y hacer películas importantes? Quería hacer esta película con una cierta calidad técnica. Habitualmente la mayoría de la gente suele decir: “¡Oh! Es una película africana”, en el sentido de “no está bien hecha pero como son africanos, los pobres”. Yo no quería escuchar este tipo de comentarios sobre mi película. Me dije a mí misma que prefería que a la gente no le gustara mi documental por motivos buenos, no por eso. He luchado mucho para tener presupuesto, que ha sido importante para un documental. Tardé seis años en conseguir el dinero. En realidad, ¡hay que luchar para hacer películas! Si miras la industria del cine, el 80% de las películas están hechas por hombres blancos y viejos. Hay poco espacio para las mujeres en general, incluso para las mujeres blancas. Hay poco espacio para los hombres negros y casi ninguno para las mujeres negras. Pero hay una diferencia entre los afroamericanos y los africanos. Somos los negros de los negros, esto es un problema. ¡Es tan real! Entonces, como somos muy pocos, nadie se arriesga a hacer una películas de alto presupuesto. Es el mayor problema hoy en día. Las películas están estrechamente vinculadas a la industria. Necesitamos dinero para hacer películas. Por otro lado, tenemos problemas de consciencia porque hay gente rica incluso en África. Pero los africanos ricos no ponen dinero en el cine o en la cultura, porque no les importa. Prefieren poner dinero en la política o hacer más dinero porque no les importa la cultura, ni siquiera la suya. Con lo cual necesitamos despertar las consciencias para que los africanos empiecen a invertir en el mundo del cine y actuar como patrocinadores.

MG: Después de la proyección de su película en la Berlinale, ha tenido que contestar a algunas preguntas. Un periodista le preguntó porque había filmado a más hombres que  a mujeres en su película. He notado que esta pregunta le ha molestado y dijo que había que empezar a estructurar el concepto de feminismo. ¿Cuál es su concepción del feminismo? ¿Cómo deberíamos estructurarlo y desarrollarlo?

RT: Esa es una buena pregunta en el contexto actual. En primer lugar, me gustaría dar un ejemplo que utilizo a menudo: Joseph L. Mankiewicz, uno de los directores más respectados de Hollywood, ha pasado su vida filmando a mujeres. Nadie nunca le ha preguntado por qué hizo tal elección. Entonces, ¿por qué las mujeres deberíamos filmar solo a mujeres? ¿Por qué los africanos deberían filmar solo a africanos? Ante todo me siento humana. Me define más que mi género, mi sexualidad o lo que sea. Creo que la humanidad solo avanzará el día en que cada uno de nosotros sea visto por su humanidad, no por su género, el color de su piel o su tierra de origen. Tenemos que tener una meta global, no podemos dividir todas nuestras luchas. Porque si los gays luchan por su lado, si las mujeres blancas luchan por su lado, las mujeres negras por su lado, las mujeres asiáticas por su lado, los pobres y las analfabetas por su lado, acabaremos todos divididos. Pero todos juntos podemos estructurar nuestro mundo. Cuando digo que tenemos que estructurar el feminismo, es porque todavía no es un concepto universal. Vivimos en un mundo de estandardización. Pensamos que todas nuestras luchas son uniformes y homogéneas. La gente piensa que se pueden adaptar las luchas en contra de ciertos problemas que sufre la sociedad occidental al resto del mundo. Pero ¡no funciona y no funcionaría nunca! Cuando hacemos eso nos olvidamos del aspecto cultural del problema. Déjeme mencionar solo un ejemplo sobre el feminismo. Lo que significa ser feminista depende totalmente de la cultura. Ser feminista en Europa es totalmente diferente de ser feminista en Senegal, donde una mujer para ser feminista tiene que saber cómo luchar con sus propios puños. Eso no pertenece en absoluto a la definición del feminismo en Francia donde las mujeres tienen que ser dulces y simpáticas para ser consideradas como feministas. No estamos hablando del mismo concepto de feminismo. No podemos exportar esta versión occidental del feminismo a cualquier parte del planeta. Otro ejemplo: en Senegal no tenemos problemas de paridad entre hombres y mujeres en la Asamblea Nacional como en Francia. Sin embargo, tenemos otros problemas: el aborto no está permitido por la ley senegalesa. Entonces nuestras luchas no son las mismas, porque nuestra situación y nuestra cultura son diferentes. Es la razón por la cual dije que había que estructurar el feminismo. En mi opinión, el verdadero feminismo tiene que ver con el humanismo. No deberíamos construir el feminismo en oposición a los hombres porque somos nosotras las mujeres quienes educamos a los hombres. La primera cosa que tenemos que hacer es educar a mujeres que sean capaces de educar a hombres en el buen sentido. Si queremos que los hombres cambien, tenemos que educarles de otra manera. Vivimos una era de estandardización. Queremos que todas las luchas, los gustos y las culturas estén estandardizados. En este sentido estamos perdiendo nuestra especificidad. La verdadera lucha tiene que ser singular, diferente e igual en nuestras diferencias.

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