Hedi, un viento de libertad

Autor: Olivier Barlet (africultures)

Galardonada con el Oso de Plata a Mejor Actor y con el Premio a Mejor Ópera Prima en la Berlinale de 2016, Hedi se estrenó en las salas francesas el 28 de diciembre, entre dulces navideños y cotillones. No se pierdan sin embargo esta bella película que nos habla con sutileza de la Túnez de hoy pero también de los acontecimientos de cualquier existencia humana.

Hedi trabaja en Túnez pero vive en casa de su madre, Baya, en Kairouan. Ella le obliga a casarse con Khedija, a quien tampoco su familia no le pide su parecer. Se les ofrece un apartamento en la casa de Baya. Ella se ocupa de gestionar todo para Hedi y apenas le deja respirar. Su válvula de escape es dibujar. Y se ausenta del trabajo como representante automovilístico cuando su jefe lo envía a hacer una prospección en la ciudad costera de Mahdia, durante la semana que precede a su boda…

Hedi, un tunecino de a pie, no es indiferente a lo que ocurre a su alrededor pero se le ve desposeído de sentido crítico, al menos en apariencia. Su nombre significa “tranquilo”, “sereno”. No mueve las olas, “un artista como su padre”, dice Baya que sólo afirma a través de su hermano Ahmed, que ha triunfado en el extranjero. Hedi, es torpe, reservado, desastrado, y se siente completamente incómodo en su papel de comercial. Para representarlo, Majd Mastoura (es su segunda película: fue el protagonista principal de Bidoun 2 de Jilani Saadi),  ha tenido que hacer un esfuerzo especial en la banalidad común del personaje en los gestos del día a día, en la trivialidad. Con esa intensidad y contención, el actor está deslumbrante. Siempre está presente: Ben Attia adopta su punto de vista, la mirada de un hombre desilusionado que se sumerge en una aventura sin saber dominarla y descubre sus límites y sus cobardías cuando tiene que enfrentarse a lo desconocido.

hedi_ben attia

La aventura se inicia con Rim, una mujer libre y más luminosa que la orilla del mar, pero su relación no es pasional, más bien sensual, entablan una intimidad excepcional, el encuentro de dos soledades, de dos voluntades de otra cosa. La fuerza de la película y la simplicidad en la descripción de cómo salir de la norma, el surgimiento de una alternativa aún en construcción, de una energía pendiente de capturar.

Hedi es un símbolo de esa generación que participó en las manifestaciones de la revolución “al igual que sus colegas de trabajo”. No tiene especial consciencia política y se descubre a sí mismo atrapado entre las tradiciones y la religión, fragmentado entre sus obligaciones, las ganas de evadirse, habitado por el anhelo por el cambio, tentado por la huida hacia otro lugar, una huida que, como para Rim y Ahmed, se convierte en una necesidad para encontrar trabajo.

131706-md

Los distribuidores franceses, que tratan de aprovechar la atracción de las primaveras árabes, han añadido al título original “un viento de libertad”. Pero Hedi no asume su libertad. Como dice el título de un capítulo de El hombre sin atributos de Robert Müsil, “si hay un sentido real, tiene que haber también un sentido de lo posible”. Sin duda, de esta forma hay que comprender esa libertad, en el sentido real de un personaje con un destino demasiado definido y al que le cuesta cambiar de dirección. Como su país, Hedi querría impulsar una nueva vida pero le cuesta sacudir los lastres del pasado. Es como un Omar Gatlato que no se atrever a cruzar la calle. Lo posible, tiene que verlo uno mismo. Ahí reposa la esperanza de esta película que no juzga a nadie y sobre todo no da ninguna solución pero abre una puerta a los que nunca han sabido decidir por sí mismos. Su desafío es el de mirarse a los ojos sin concesiones. La tensión que generan la escritura elíptica y la sobriedad de la puesta en escena refuerzan el impacto de su cuestionamiento, y hacen de su visión una experiencia íntima que moviliza nuestros sentidos y alienta a la meditación sobre dónde estamos nosotros mismos.

Traducción: Alejandro de los Santos
Artículo publicado originalmente en africultures: http://www.africultures.com/php/index.php?nav=article&no=13904

 

Deja un comentario