Violencia de la sociedad colonial. Entrevista con Mohamed Amin Benamraoui, director de Adios Carmen

[entrevista de Olivier Barlet para el portal Africulture. Transcripción: Tobie Toure y Olivier Barlet. Traducción: Alejandro de los Santos

Olivier Barlet ¿Cuál ha sido la recepción de la película hasta el momento?

Adios Carmen

Mohamed Amin Benamraoui: A decir verdad, es casi una sorpresa, no me esperaba para nada un éxito así, la gente se ha emocionado con la película, es una gran alegría. Como se trata de una especie de homenaje al Rif, la gente está orgullosa de su película, siguen su recorrido, ¡dicen que no es normal que no gane ningún premio! En Tánger, la película fue ovacionada durante al menos cuatro minutos, fue impresionante. La prensa y la crítica la han acogido bien igualmente, y es extraño que una película marroquí sea bien recibida por el público y la crítica, por lo tanto todo ello me hace feliz. Quizá han podido sentir una cierta sinceridad en la película, aunque también nuestra región ha atravesado un período sin producción cinematográfica que se ha visto acompañado de frustraciones y marginación; trabajar en este proyecto era una forma de que el equipo se afirmase y dijese “también podemos hacer algo”.

  O.B: La película es en tamazight: ¿todavía supone esto alguna dificultad?

M.A.B: Yo diría que soy heredero del movimiento tamazight: siempre he sido militante, he creado asociaciones, organizado manifestaciones culturales, películas y música sobre todo. Esto me permite valorar esta cultura. He sido presentador de un programa de radio libre en Bruselas durante años. He realizado investigaciones sobre la música bereber y he intentado reunir un gran número de cantantes tuaregs, rifeños… En Bruselas en el Cine Nova he invitado a directores argelinos de la época. Fue AzzedineMeddour con La Montagne de Baya y otros directores que abordaban la misma temática “bereber”, siguiendo la línea del festival de Douarnenez en 1994. La idea surgió por el hecho de que no quedaban salas de cine en el Rif y por la marginación cultural que intuíamos. Desde que era niño siempre he soñado con hacer cine, pero todo ello era como un fantasma inaccesible, pensaba que hacer cine estaba reservado a otros. Cuando llegué a Bruselas, no me atreví a meterme en una escuela de cine; después, en 2007, algunos amigos me contactaron para empujarme a materializar los guiones que había escrito. Creamos una pequeña estructura y filmamos tres cortometrajes. La idea de partida consistía en ser exigentes con nosotros mismos, afirmarse artísticamente y no producir películas a montones. Hice Sellam et Démétamque funcionó muy bien, especialmente en el Festival Internacional de Tánger, donde ganó el Premio de la Prensa. El estilo sorprendió pues se acerca un tanto al cine iraní, y la gente pensó en mí como si hubiese realizado un largometraje.

Después todo ello continuó, escribí Adiós Carmen, y cuando la entregué a la Comisión, fue la primera vez en la cual se presentaron tantas obras: generalmente suele haber entre 10 y 15, y allí había 26 candidatas. Me dije que no tenía ninguna oportunidad pues se trataba de mi primera película, en tamazight, en rifeño. Para sorpresa de todos, obtuve la primera subvención y además me enteré gracias a un artículo escrito por el ministro sobre las relaciones entre España y Marruecos, que la decisión fue tomada por unanimidad y que se esperaba la película con entusiasmo. Esta situación me presionaba, había que tener mucho cuidado, así que trabajamos, preparamos y ensayamos mucho, todo el mundo sentía la importancia de la película. Intentamos crear un buen ambiente en el rodaje y funcionó, con los defectos propios de una primera película, que saltan a la vista cada vez que la veo, pero pienso que es algo normal para un director. Después de Dubai y del festival nacional, la presentamos en Nador y en algunos cines del Rif y tuvo una acogida increíble: la gente que no se interesa normalmente por el cine se enamoraba, los jóvenes me dicen que quieren hacer cine, expresarse, están orgullosos de su película… Entonces les di el trofeo que ganamos diciéndoles “es vuestro ya que es vuestra historia, todo el mundo podría contarla”… Sólo para que sintieran que ellos podrían ser “yo” en relación a los demás, que pueden hacer algo. Entonces, gracias a ellos, conseguimos el apoyo de directores y críticos marroquíes. Me digo que esto sobrepasa la cuestión lingüística, es una emoción particular… En los años 70 en Marruecos éramos fans de Bollywood, conocíamos bien a los directores y sobre todo a los actores y actrices, y pienso que con esta película logramos mostrar una lengua poco conocida y la historia del Rif, que es igualmente desconocida.

O.B: Y ese lazo con España.

M.A.B. Sí. Las relaciones con España, la guerra del Rif, las crisis de la pesca y de la     agricultura, que hacen que las relaciones entre España y Marruecos sean algo tensas. Los dos pueblos se entrelazan, tienen una historia en común y viven juntos, pero casi se odian. Carmen tiene una historia de amor pero no la termina, lo que refleja un poco las relaciones entre Marruecos y España. A través de la película, comprendemos cómo la gran Historia influye en la historia de la gente. En los años 60, los españoles huyeron de la miseria y del franquismo para trabajar en Marruecos, donde la situación política era difícil al mismo tiempo, sobre todo en el Rif. En el año 58 un levantamiento popular fue reprimido duramente, una verdadera masacre. Después, en los años 60, la petición europea de importación de mano de obra marroquí incitó al gobierno a empujar a los rifeños a emigrar con el fin de calmar las rebeliones. En 1975, con la muerte de Franco, los españoles volvieron a su país con la esperanza de vivir en democracia, mientras que Marruecos se convirtió en un país más tenso. Todo este contexto es importante.

O.B: La película se rodó desde el punto de vista del niño, Amar. ¿Tiene algo de autobiográfica?

M.A.B. Sí, hay una parte autobiográfica en la película. Carmen existió realmente, era mi vecina, fue quien me hizo descubrir el cine a los cuatro años. Ella tenía un hermano proyeccionista que no era tan malvado como el de la película, su madre gestionaba el cine también. Eran pobres y vivían en apartamentos de obreros de esa pequeña ciudad. Partí de ese punto y del hecho de que mi madre se divorció y volvió a casarse en la misma época, por lo tanto elegí el año 1975 para que tuviera más fuerza a nivel dramático. Decidí enfocarme en la memoria y en el punto de vista del niño, que ve desfilar todos estos eventos que no consigue controlar. Lo que marca mayormente al niño es que Carmen lo salvó al meterlo en una sala de cine. Así que su historia es un poco la mía, gracias a Carmen me convertí en director de cine, soñé mucho con hacer cine y ahora que me atrevo, hice mi primera película sobre ella. No he vuelto a encontrarme con Carmen, a la imagen de dos pueblos que no se vuelven a encontrar para hacer algo juntos.

O.B: La alteridad juega efectivamente un papel importante: Carmen, la extranjera, remplaza a la madre.

Sí, por eso mismo el pequeño se negó a decirle adiós, no quería sufrir la separación de una segunda madre. Su madre se fue, los niños de la calle son hostiles, hay un clima de violencia política que no se ve pero que está presente… Y como un milagro, aparece esa segunda madre que le protege, que le hace descubrir el cine… Puede entonces comenzar a afirmarse, a expresarse y a crecer: es una historia iniciática del paso de la infancia a la adolescencia. Rechaza por completo la partida de Carmen, no quiere separarse de ella.

O.B: ¿No tiene también Carmen la función de simbolizar el asunto colonial en Marruecos, mientras que el régimen español es fascista?

M.A.B. Carmen acaba en Marruecos efectivamente para huir del fascismo, por obligación. La mirada del niño o de los marroquíes rechaza el colonialismo. La presencia colonialista española en el norte de Marruecos fue dura, nunca fue aceptada por los rifeños; pero Carmen es más bien una víctima del colonialismo, no lo representa.

O.B: Sentimos una gran violencia en la sociedad que usted describe.

M.A.B. Hago referencia a la realidad que viví y que fue muy violenta. A fuerza de hacer leer el guion, me comentaron que era demasiado violenta y que eso tal vez no funcionaría: comencé a suavizar un poco la historia. Pero la violencia de los años 70 y 80 fue terrible: en 1984 fui testigo de dos “motines del hambre” en los cuales vi a jóvenes suicidándose. Explico la violencia popular a través de la violencia política. La violencia política se instaló con el poder marroquí al final de la colonización. Eso me marcó de verdad. Afortunadamente, estaba el cine. Iba a menudo a ver películas.

O.B: Es bastante sorprendente ver a todos los hombres de la sala llorando ante una película en la que le pegan al héroe…

adios-carmen2M.A.B. Todo el mundo llora porque es una historia emocionante, se asemeja a la historia de Amar: su madre se fue y va a su encuentro más tarde. Amar ve películas pues eso le permite comprender y soportar lo que vive. Ve la vida como una película: cuenta la historia de Carmen como si contase una película. Está triste porque las películas que ve terminan bien, pero su historia no es así. El cine, sobre todo el de Bollywoord, era importante en la época para la gente que sufría esa frustración política, social e incluso sexual: había bailes muy sugerentes, las historias tienen un final feliz, las historias de amor unían a personas de clases sociales diferentes…. En el cine bollywoodiano existe esa idea de resistencia en la cual las sociedades poscoloniales pueden rencontrarse en sus ganas de luchar. Pero la ley debe triunfar al final: el ejército interviene, por ejemplo. Era una condición para las películas de Bollywood, que ejercen una función de estabilización social en países dictatoriales de Asia y África.

O.B:¿Era usted sensible durante su infancia a esa lógica de transgresión de las películas de Bollywood?

M.A.B. No en aquel entonces. En mi vida fueron las mujeres las que me hicieron avanzar. Viví en medio de mujeres, y sobre todo sentí su dolor y su sufrimiento cuando padecían la violencia de los hombres. Ellas no tenían entonces mucho poder para afrontar esa situación. Creo que los hombres deben tomar consciencia de su violencia, y la mirada sobre la vida y la mujer debe cambiar. Los hombres son frágiles, pueden llorar, fantasear, bailar…

O.B: ¿Jugó usted el rol de mensajero entre los enamorados llevado a cabo por Amar?

M.A.B: Sí, lo fui entre una tía y un profesor de la escuela. No lo pensé durante el momento de la escritura pero era normal, posible… No sabía por qué el profesor me esperaba delante de la puerta y me decía “buenos días” a mí y a los otros no…

O.B: Es una dimensión fuerte de la película, esa manera de unir a los hombres y a las mujeres.

M.A.B: Sí, la idea de la película es que pueda tender puentes entre marroquíes y españoles pues es una situación política que dura y que es inaguantable. Se ve especialmente en la frontera: la relación de la Guardia Civil con los marroquíes es cuanto menos terrible. Pero creo que los dos pueblos acabarán por entenderse. Existe la posibilidad de construir algo a nivel económico y cultural, sin esa relación de fuerza colonial que no puede funcionar.

O.B: ¿Cómo le va entre Bruselas y Marruecos?

M.A.B: La inmigración, a veces, no la elegimos realmente. Es un debate falso. Hacemos películas con una mirada tal vez un poco diferente, eso nos permite ver cosas que no todo el mundo puede ver. Me parece infeliz la exclusión de los emigrados. También he sufrido algo de ello en mi vida y no quiero revivir esa situación en el cine, que es un medio abierto, que empuja a la apertura hacia el otro y vehicula los ideales democráticos.

O.B: Evoca ¿Dónde está la casa de mi amigo? de Kiarostami, ¿es una referencia para usted?

M.A.B: Tal vez. Era en todo caso una referencia para el cortometraje Sellam et Démétam: un niño que vive en el campo, que a la salida del colegio debe correr para hacer las compras para su madre, después volver rápido a la tienda del barrio para ver el último episodio de unos dibujos animados japoneses. Eso fue en 2008, y Adiós Carmen también tiene un poco de ejercicio sobre la memoria, el retorno a ese niño.

O.B: Le hacía la pregunta porque se siente en Adiós Carmen una voluntad de anclar la película en el realismo.

M.A.B: Por supuesto. No soy un gran cinéfilo pero hay películas que me emocionan y que me han marcado más que otras como ¿Dónde está la casa de mi amigo?, Detrás del sol, Aventuras y desventuras de un italiano emigrado con Nino Manfredi, Estación Central, Un tiempo para los caballos borrachos… Quizá estas referencias se hallan en algún lugar de mi película…

O.B: Un tiempo para los caballos borrachos se enmarca más dentro de la línea expresionista, juega con los planos largos, mientras que su película entra más dentro de una cotidianeidad cerrada…

M.A.B: Sí, pero sobre todo lo que más me conmocionó fue el sufrimiento del niño y la relación entre las dos comunidades kurdas e iraquíes. La frontera entre las dos lenguas y el contrabando que yo mismo conozco porque soy de Nador, estos son temas que me atañen, más que la imagen en sí misma. En Estación Central de Walter Salles, esa mujer un poco dura que acoge al niño que ha perdido a su madre. Es terrible también para mí; la imagen es preciosa en esa película. En Detrás del sol, igualmente de Walter Salles, la imagen también es magnífica, pero lo que me interesa es la relación de la gente con la violencia…. Es una adaptación de un libro albanés que trata sobre el kanun, la venganza contra una persona que mató. Esto también nos hace pensar en la sociedad marroquí, especialmente en la del Rif. Y después la inmigración de Aventuras y desventuras de un italiano emigrado. Es una película que cuenta la historia de una manera psicosociológica: nos metemos en la piel de alguien que quiere realmente ser como los suizos, que está dispuesto a teñirse el pelo para parecerse a ellos, aunque al final sus raíces sean más fuertes: en un bar, Italia marca un gol, explota de alegría y lo expulsan. A pesar de todo, vuelve a Suiza para trabajar pues la miseria en su tierra es tan fuerte… Son temas que me interesan mucho.

O.B: Estéticamente hablando, Adiós Carmen se centra en asuntos cotidianos. Su preocupación no es la de hacer “imágenes bellas”.

M.A.B: Efectivamente, tenía ganas de privilegiar la emoción, más que lanzarme hacia una performance estética de planos.

O.B: Asimismo, ha optado por una cronología simple…

M.A.B: Claro, no quería hacer flashbacks o cosas más elaboradas. Por el contrario, para mi próxima película, tengo ganas de ser un poco más complejo, pero mantengo la voluntad de entrecruzar historias de los unos y los otros, para que la memoria resurja, para unir a gente alrededor de un evento de su pasado. Es una obsesión, es algo sobre lo que me gustaría profundizar.

 

Festival des films d’Afrique en pays d’Apt, noviembre de 2014

Entrevista original en francés: http://bit.ly/1OeUN0R

 

 

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