Decálogo del buen festival

[Escrito por Claire Diao, AWOTELE*. Traducción: Verónica Ruiz y Nonou Loum, FCAT]

Cualquiera puede levantarse un día y decidir crear un festival de cine. Pero no todo el mundo puede eternizarlo. Porque hacen falta dinero, películas, público, energía, novedades, organización y una buena cobertura mediática. Lo que los festivales de cine enseñan en África también es lo que África deja ver en sus festivales. Presentamos aquí, en diez puntos, lo que puede hacer que un evento cinematográfico en el continente triunfe o fracase.

1- Amarás al cine

Que sea este el primer punto podría parecer algo idiota si no se hubiera comprobado (ya) en el continente la existencia de un gran número de hombres de negocios o de empresarios que, de hecho, no aman el cine. Entendiéndose por esto el amor al arte y la valorización de las películas, todo a la vez.

A pesar de todo, es sorprendente el hecho de (entregarse) acudir a festivales donde los invitados a veces no van a algunas proyecciones y donde los miembros de los jurados no tienen ni idea de qué premios dar: ¡son ellos los que tienen que decir! Después de todo, ¡es su trabajo!

Lo mismo ocurre con la calidad de las proyecciones que son, sin embargo, la quinta- esencia del encuentro entre una obra y su público. ¿Qué decir de los festivales donde las copias son masacradas frente a los ojos del equipo de rodaje de la película, que aguardan, sospechamos, con un nudo en el estomago; donde proyeccionistas sin formación, con el festival bien empezado, utilizando el material puesto a su disposición, cortan la película tras los créditos de apertura pensando que son los del final?

Cualquiera que tenga algo de respeto por los autores y por sus trabajos debe organizar las proyecciones en las mejores condiciones posibles y, sobre todo, comprobar que todo vaya bien antes de que el público esté en la sala. ¡Qué frustración es ver una película en una lengua que no se entiende, sin los subtítulos, sin el sonido o, incluso, con un color raro, sin que nada ni nadie reaccione, no acuda inmediatamente a la cabina y no pida empezar de nuevo con la proyección!

En ese sentido, poner en un segundo plano los aspectos técnicos de un festival es un gran error. Ya que un festival de cine se desarrolla ante todo en una sala de cine -sin ánimo de ofender (mal que pese) a los que prefieren ir a tomar algo, ir de compras o descansar…

Y todas las condiciones se deben dar para que las copias de las películas sean proyectadas en un buen formato, con un buen nivel de sonido, en la versión correcta y respetando lo ceremonial que debe acompañar a una película (apagar las luces antes de la proyección o dejar los créditos hasta el final de la misma).

 

2- Nombrarás un director artístico

Habría que vivir en otro mundo para no ver la terrible competencia que se da en (que hay entre los festivales) de clase A -sigla usada por la Federación Internacional de Asociaciones de Productores de películas, creada en 1933, y atribuida a los mejores festivales de cine del mundo  (sólo uno de ellos es africano, el Festival Internacional de Cine de El Cairo)-. Una competencia basada en la carrera a la exclusividad, el saber que las películas nunca deben haber sido proyectados fuera del festival que las seleccionará, y que así podrán crearse los rumores en los medios, así como la espera de los profesionales y del público, todo a la vez.

Los seleccionadores dan la vuelta al mundo durante años, no para visionar las películas terminadas, sino para ver las películas en su ciclo de montaje ya que subiendo lo máximo posible en la cadena de creación de una película, se podrá crear una obra excepcional. De ahí la creación, al margen de los festivales, de talleres de creación de guiones, de producción o de postproducción, por donde pasan profesionales del mundo entero que deberán igualmente llenar las cestas de los productores, de los compradores, de los distribuidores y de los programadores, para los siguientes años.

El director artístico forma parte, por tanto, de esas cabezas pensantes, de esos descubridores de talento que dan la vuelta al globo para desgajar la información, construir una red y localizar las últimas películas de calidad. Puede vivir o no en el país del festival pero debe, en cualquier caso, estar presente en el momento de la manifestación. Además de tener mucha vista, el director artístico defiende una línea editorial y artística (de ahí su nombre), que le permitirá saber instantáneamente lo que quiere que aparezca en su selección y lo que, al contrario, caerá en el olvido. El director artístico tiene el derecho de crear o suprimir secciones, de aumentar o disminuir el número de películas seleccionadas, en función de su exigencia y de su programación. El comité de selección del festival debe, por tanto, seguir sus directrices y sólo él recibirá las ovaciones o los abucheos ligados a su selección. Por tanto, el director artístico es el responsable de la parte artística del festival y puede, en función de ello, ser renovado o destituido por el presidente o por el consejo de administración del festival que se encarga de negociar y de mantener, desde un punto de vista financiero y político, la continuidad del evento.

En ese sentido, la falta de directores artísticos en los festivales de cine en África juega en contra de los acontecimientos donde hombres (¿o mujeres?) orquesta hacen todo a la vez, muy a menudo, favoreciendo uno u otro aspecto, porque él (ella) se siente más cómodo, abandonando otros aspectos que son, sin embargo, ineluctables. De manera que un director-cineasta podrá poner por delante sus películas, antes que las de los otros; un director-hombre de negocios favorecerá a sus socios sin preocuparse de la asistencia de público; un director-político pasará más tiempo en reuniones que la sala de proyección…

 

3- Necesitarás independencia

La libertad de acción de un festival es primordial en la emancipación y en el crecimiento de este. Si un gobierno se autoconcede el derecho de ver la selección de las películas, influenciará de facto la programación del festival y dejará algunas obras de lado, no en función de sus cualidades técnicas sino de su carga política. Es ahí, justamente, donde reside el trabajo del director artístico, defender su elección editorial y saber distinguir la obra de un artista de la política de su país. Si aplicáramos esta receta, ¡cuántos artistas dejarían el circuito! Y algunas cinematografías serían olvidadas.

En ese sentido, “bajo la égida del Ministerio de Cultura” no debe interpretarse como el hecho de que el Ministerio de Cultura lleve el festival sino que, al contrario, debe apoyar al equipo de dicho festival con todos sus medios (financieros, técnicos y logísticos) posibles, con el fin de permitirle poder ser bien dirigido.

Un apoyo político y diplomático, a menudo, es útil para expedir visados o solucionar situaciones de ciertos artistas u obtener las copias que hayan sido bloqueadas en el aeropuerto o en la aduana.

Bien llevada, la alianza entre un ministerio y un festival conduce a uno reconocimiento y publicidad, y al otro, facilidades y un buen desarrollo de su evento. Mal llevada, la alianza se convierte más bien en un contrato: el Ministerio dicta el ritmo a seguir y el equipo del festival lo aplica. Lo artístico va tras lo político… y el cine pasa a un segundo plano.

 

4- Respetarás a tus invitados

¿Cuántos son los directores que se quejan de la organización de tal o tal festivales que no les envía su billete a tiempo, que los alojan a kilómetros de los lugares de proyección, que les olvidan -a veces- en el aeropuerto, que no les dan nunca sus per diem o sus pases, incluso peor, que no pagan su habitación de hotel, dejándolos colgados en la recepción del hotel el día en que se marchan?

Un invitado no está en el festival para salir en la foto. Está allí para presentar su trabajo (de ahí, la importancia de la palabra trabajo, ya que no se trata de ratos de ocio), interactuar con el público (de ahí, la importancia de hacer venir el mayor número de espectadores posible: las salas de cine casi vacías tienen un efecto desmoralizador inmediato), conocer a otros profesionales (de ahí, la importancia de crear lugares de encuentro adecuados para que pueda darse un intercambio) y mostrar proyectos (los festivales son, a menudo, el único lugar donde los cineastas de diferentes países pueden encontrarse y donde se firman o se negocian muchos de los contratos).

En ese sentido, los festivales donde los invitados se sienten abandonados no tendrán una buena reputación, así como los que están mal organizados. A veces, hay que preocuparse por poner a la disposición de un invitado que viene por primera vez al país la información que necesitará antes incluso de que llegue, o en su defecto, en el momento de su llegada. Si el invitado no habla la lengua del país, es primordial poner a su disposición un intérprete o, al menos, alguien que pueda ayudarle. Explicarle dónde está su hotel, dónde están los lugares de encuentro y de proyección y, sobretodo, qué día y a qué hora esperan su intervención. Información que, si bien parece un poco banal, a veces es olvidada.

Si algunos invitados sobrepasan las prerrogativas del festival, es decir, si dejan deudas en el hotel, utilizan los vehículos oficiales para sus desplazamientos personales o reclaman pagos suplementarios por actividades que no tienen nada que ver con el festival, es la organización quien,  desde su llegada, debe especificarles y recordarles por qué han sido invitados.

 

5- Mimarás a tu público

En este punto, machacamos temas que parecen aprendidos pero que, en realidad, no se aplican siempre. Cuando una sala está vacía, hagámonos la pregunta: ¿el público ha sido informado de que habría una proyección en este lugar? ¿Es la tarifa prohibitiva? ¿Está el sitio demasiado lejos? ¿O es simplemente que la obra proyectada no es lo suficientemente atractiva? En este último punto, nos volvemos a centrar en el director artístico (punto 2). Quizá su programación ha sido demasiado exigente, y muy poco adaptada. Su trabajo será juzgado en función de ello al final del festival, como un seleccionador de un equipo deportivo al final de una competición.

En la sala de cine, el éxito de un festival está en juego, y no en el papel cuché. Para especificarlo aún más: un festival puede tener estupendos comunicados y un catálogo a color en papel cuché, pero si las salas se quedan desiertas, lo que tenemos no es más que una cáscara vacía.

Por otro lado, si un festival sabe cómo atraer al público, podrá felicitarse por su éxito (sin dejarse llevar por sus triunfos). Ya que el público, primer entusiasta de un acontecimiento de tal amplitud y proximidad, sabe ser exigente. Necesita novedades (no se puede volver a proyectar las mismas películas todos los años), privilegios (abonos de tarifa reducida, invitaciones, pases preferentes para evitar colas…), estimulación (debates con los equipos de cine, entrevistas a la salida de la sala premios del público…) y animación (encuentros, conciertos, siempre tras las proyecciones, nunca durante ellas.).

Para hacer esto, hay toda una estrategia de comunicación que debe ser aplicada. Mostrar la selección, participar con la prensa local, dando información regularmente, difundir los tráilers, poner carteles de manera visible, distribuir o fijar carteles con los programas… Partiendo del principio de que un espectador hace lo que quiere, el festival debe hacer todo lo posible para ser lo que quiera el espectador. Y sobre todo, plantearse la cuestión de para quién se ha hecho. ¿Se trata de proyecciones limitadas, destinadas a ciertas élites e invitados? ¿O de proyecciones populares en las que las salas deben estar llenas a reventar? ¿Dónde va la gente? ¿Pueden desplazarse? ¿Han de ir al festival o el festival ir a ellos? Y de nuevo, si estas cuestiones parecen simplistas, es porque nos ha ocurrido ya el tener que asistir a proyecciones lejos del centro de la ciudad, donde ningún habitante podía permitirse recorrer la distancia y el coste de la gasolina. O incluso proyecciones con tarifas que el espectador medio no puede pagar. Ya que en África las salas de cine son mayoritariamente cerradas, es el deber de cada festival invitar al público a frecuentarlos o a redescubrir el placer de una proyección colectiva. En ese sentido, cada festival debe preocuparse los días, horas y períodos del año en que tiene lugar su manifestación. Un espectador debe poder venir e irse del lugar de proyección sin dificultades. Su seguridad no debe ser puesta en peligro. Su comodidad debe estar asegurada en medida de lo que se pueda. Y su gusto (placer) infinitamente satisfecho.

 

6- Valorizarás la producción local.

Cuando un festival de cine utiliza el término “internacional”, a veces olvida la importancia de lo nacional. Hacer venir a invitados del mundo entero es una riqueza y un escaparate para el festival y el país que lo acoge. Pero sensibilizarlos con lo que se hace localmente es indispensable.

Por producción local entendemos, para empezar, todo el sector hostelero y de restauración que sólo espera una ocasión como la de un festival para aumentar sus cifras. Llevarles clientes es también ofrecerles productos locales o comidas de calidad (véase el Festival Internacional de Película Documental de Agadir). No hay que olvidar nunca que “con la barriga vacía ninguno muestra alegría” ( “a mucha hambre, no hay consejo”). Un invitado bien alimentado es, por definición, un invitado satisfecho. A menudo, por falta de medios o por desinterés, los festivales confían poco en la comida y dan los mismos platos, o platos sin sabor, o platos poco llenos, a lo largo de su evento. ¡Cuál es la sorpresa para los organizadores cuando, corriendo tras tal o tal invitado, se dan cuenta de que ha ido “al restaurante”, prefiriendo a veces saltarse una proyección o un evento en el que se le esperaba para comer mejor!

Por producción local, entendemos igualmente el campo de las Artes. Los festivales otorgan a menudo trofeos, es la ocasión perfecta para hacer trabajar y valorizar a los artistas locales (véase el Festival Internacional de Cine y Audiovisual de Burundi). A menudo, los festivales necesitan decorar su escena, vestir a los miembros de su equipo: es la ocasión de hacer trabajar a los fabricantes de telas, a los tejedores y a los estilistas (véase la tela estampada en cada FESPACO). Los festivales ofrecen a menudo bolsas de regalo para sus invitados, es la ocasión de hacer encargos a los artesanos locales y permitirse desmarcarse de otros festivales (como ocurrió con los ishwe-shwe del Festival Internacional de Cine de Durban). Ya que son finalmente estos detalles ínfimos  los que hacen que un festival se diferencie de los otros y se convierta en un recuerdo memorable –en el buen sentido del término- para sus invitados.

Finalmente, por producción local, entendemos sobre todo la producción cinematográfica local que a veces se pone por delante de las otras de manera patriótica (una especie de cuota aplicada a las películas nacionales en las competiciones, sin importar su calidad) o estratégica (talleres destinados a profesionales locales, animados, muy a menudo, por invitados internacionales). A menudo, vemos la puesta en marcha de una competición local pero los premios otorgados son algunas veces irrisorios en comparación a los que se dan a las películas extranjeras. ¿Qué decir de un festival que premia a una actriz extranjera que no va al festival con un importe mucho más elevado que el director local que tiene problemas para viajar? ¿Por qué no poner en su lugar becas que permitan a los directores ganadores ir a otros festivales o formarse? ¿Cuáles son las necesidades locales y cómo apoyarlas? En ese sentido, valorizar la producción local es importante: un país que acoge un festival de cine no puede admirar ad vitam aeternam lo que se hace en el extranjero. Algún día podrá igualarlo, si no, sobrepasarlo.

 

7- Pagarás los gastos de alojamiento

Sin duda, porque todo tiene un precio, los festivales olvidan a veces que las obras deben ser rentabilizadas. Y que, a falta de estar en el circuito internacional y de  hacer buena taquilla, productores y directores se concentran a menudo en los festivales para existir. Si algunos eventos cinematográficos hacen lo que tienen que hacer y pagan los derechos, muchos son los que no lo hacen o, peor aún, prometen hacerlo pero nunca sucede. Si se redactara una lista negra de festivales que proyectan películas sin pagar los derechos, se crearían forzosamente cotilleos de todo tipo. Si una lista negra de festivales que proyectan películas sin que sus autores sepan que se han publicado, alteraría los ánimos durante más de un año. Ya que estas son prácticas poco afortunadas que se siguen aplicando.

No hay necesidad de ampliar demasiado este punto, salvo para recordar que una película es el fruto de un trabajo y que el trabajo debe ser fomentado.

 

8-Darás los premios concedidos

Este punto se une al anterior. Muchos festivales organizan competiciones con jurados, podios, brillos, televisiones y estatuillas. Pero algunos olvidan que tras el efecto anuncio está el anuncio mismo. Un premio otorgado (es decir, aquel que ha juntado una suma de dinero) debe entregarse al galardonado. Es un contrato moral entre el que envía su película a la competición y el que le promete una recompensa. ¿Cuántos directores han enviado una y otra vez emails a organizadores de festival que no responden, o que prometen que el premio llegará, o que se justifican explicando que las subvenciones no han llegado? La reputación del festival va de eso también. Ya que los directores hablan entre ellos y los decepcionados desaniman a los que quieren solicitar el envío de sus películas. A menos que la política del festival no cambie con el paso del tiempo, o que, años más tarde, la manifestación les sea dada en cifras, finalmente (el evento le entregue su premio en metálico, finalmente).

 

9- Favorecerás la puesta en marcha (Favorecerás la puesta en mercado)

En efecto, el cine es un Arte, sin embargo depende de una industria. Y es ahí donde África pesca la financiación de sus cinematografías. Desde luego, la Federación Panafricana de cineastas (FEPACI) lucha desde hace años por crear un Fondo Panafricano de Cine y de lo Audiovisual (FOPICA). Pero más allá de esta iniciativa continental, cada festival debería participar en la estimulación de la producción a su propio nivel.

Las Jornadas Cinematográficas de Cartago (JCC) habían llevado a cabo en 1992 talleres de escritura de guión. Desde 2014, se desarrolla allí un taller de post-producción (Tak-mil) para el acabado de películas. El Festival de Cine de Luxor anunció el año pasado la puesta en marcha de un fondo (ETISAL) para las primeras o segundas películas de directores que vivan en el continente. El Festival Panafricano de Cine y Televisión de Ouagadougou (FESPACO) posee un mercado internacional de cine y televisión (MICA) aunque no iguala a los mercados vistos en otros continentes. El Festival Internacional de Cine de Durban lleva a cabo desde hace varios años el Durban FilmMart, que premia y financia los proyectos en producción, así como el Durban Talent Campus, que reúne los talentos emergentes del continente.

¿Pero qué hay de todo los demás?

Dar premios a películas ya terminadas es una cosa. Animar a otros autores a escribir, producir, dirigir y finalizar sus películas, es otra. Es así como los Encuentros de Cortometraje de Madagascar ponen en marcha el fondo de producción Serasary. Y como el Festival de Cine de África y las islas de La Reunión ha creado el premio Fé nèt Océan para animar a la creación de películas en la costa del océano Índico.

Cada festival debería poder contribuir a la puesta en marcha (la puesta en mercado) de las películas en un sector donde la flagrante falta de salas de cine (y, por tanto, de la explotación comercial) y de compras TV no permiten a estas obras ser rentables. Invitar a distribuidores y vendedores internacionales podría ser una solución. Crear fondos de dotación, animar a la coproducción o conceder becas son también maneras de animar a los artistas que difícilmente viven de su trabajo. Una vez más, los festivales pueden pretender una dimensión internacional animando las producciones locales. Pero un festival de pequeñas dimensiones que sigue estas ideas vale incluso más que los más grandes, que no logran entender los verdaderos objetivos de aquellos que lo rodean y que necesitan ser respaldados.

 

10- Animarás la crítica

¿Cuántos festivales, en el continente, invitan a críticos para que formen parte de sus jurados? Y por críticos, ¿entendemos críticos del continente?

Sabemos que la Federación Internacional de Prensa Cinematrográfica (FIPRESCI), creada en junio de 1930, formada, entre otras, por asociaciones de Marruecos, Túnez y Egipto (así como tres asociaciones individuales en Sudáfrica, Camerún y Nigeria), crea un ambiente de cooperación incomparable al de los festivales del mundo entero. Pero la Federación Panafricana de Críticos de Cine (FACC), creada en 2004, intenta mantenerse a flote. Y lo que es peor, a veces, ni siquiera es conocida en los medios cinematográficos del continente. Relevado (Relevada ) a través de una web (africiné.org) que tiene en su haber más de 15 000 películas y de 2 600 artículos, la FACC está sin embargo compuesta por unos 300 miembros que hablan varias lenguas, provenientes de más de 32 países de África. ¿Pero quién la solicita o la invita? Los jurados de los festivales deberían estar formados por críticos, así como los grandes festivales deberían tener un Premio de la Crítica. Deberían impartirse talleres de crítica durante o a medida que avance el festival para sensibilizar a los periodistas culturales locales del séptimo arte, enseñarles a leer una imagen, a analizar una película y presentar una buena información al público. Algunos festivales invierten en formaciones de este tipo. Otras dejan a la FACC la iniciativa de organizarlo todo.

Escribir, financiar, rodar y montar una película es una cosa. Saber hablar de ella es otra. Y cuando se está en un festival de cine, es decir, en un festival de películas, ¿qué importancia se le da a la información que acompaña a las obras? Más allá de lo escrito, los críticos pueden presentar las sesiones y animar los debates. A menudo, son personas sin experiencia las que toman la palabra, despellejando al director o a su película ( despellejando el nombre del director o el título de su película ) , sin conocer ni su filmografía ni su biografía y, sin embargo, informan a salas enteras de la proyección que esperan ver. Es una verdadera lástima. Ya que nosotros, los críticos, trabajamos por el cine de manera militante, incluso invisible. Mientras que en conjunto, podríamos hacer grandes cosas.

 

Claire DIAO

ASCRIC-B

France/Burkina-Faso

* Este artículo forma parte de la revista AWOTELE, dedicada a la crítica cinematográfica africana.

Traducción del texto original: Verónica Ruiz y Nonou Loum, FCAT.

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