Cosas de casa – Ahslaa de Hakim Belabbes

[Basem Al Bacha, 30 septiembre 2012]

Fragmentos de director marroquí Hakim Belabbes como se indica al principio de la película, está compuesta a partir de “un ramillete de imágenes tomadas aquí y allá durante los últimos años. Instantes, reflejos de la vida y la muerte, éxitos y fracasos, vagar y un poco de dignidad”. La casa familiar funciona como dispositivo desencadenante de la película a la que se vuelve siempre, es allí donde el cineasta buscará respuestas. Solamente en dos ocasiones, la curiosidad del cineasta le hará desplazarse unos metros más allá, hacia la casa del vecino o incluso visitará en otra localidad a una familia. El director, se pregunta sobre su procedencia, se cue

Hakim Belabbes recuerda donde nacieron sus sueños de cine. El fantasma del fracaso y del éxito, ronda en las conversaciones que tiene con su padre. Un sueño no compartido, el director, pretende redimirse, quizá busca cierta aprobación del propio padre, a pesar stiona a si mismo interrogando a sus padres y familiares. Preguntas que tiene que ver con la decisión de hacer cine, de emigrar, preguntas sobre la muerte y la vida, sobre el sufrimiento y la culpa. La casa como morada, pero también como espacio ritual. Diferentes rituales se alternarán a lo largo de un proceso prolongado de filmación, donde el nacimiento, la circuncisión, el duelo o la muerte, devolverán al “fragmento de vida” filmado, una dignidad que por veces se olvida en tiempos donde nunca se ha filmado tanto y tan poco de los inconvenientes y dificultades

de esta profesión. La madre, por encima de la elección del hijo, critica la incertidumbre personal que lo rodea, sin mujer, sin hijos, sin familia. En ambos, el cineasta buscará una complacencia, una confirmación de que el camino elegido es el correcto. Con el tiempo, en esta búsqueda de aprobación, le tocará el turno a su propia mujer e hija.

El director interroga, para hablar de sí mismo, para ponerse en cuestión. No es una película sobre la crisis personal de un cineasta, es una película en permanente crisis. Belabbes, se plantea constantemente cómo se filma a un hombre lavándose, cómo se filma un nacimiento o cómo se filma la muerte. En determinado momento se aleja de la casa familiar, y visita a un vecino ciego, le filma mientras el ritual de las abluciones precede al de rezar. Bellos gestos llenos de automatismos, pero al mismo tiempo enigmáticos. Este primer ritual, se encadenará con otros rituales, incluido el del propio filmador. Ya que aprovechará el rodaje de su propia película de ficción en la misma casa familiar, para mostrar igualmente el ritual del acto de filmar. El padre, sentado en una silla es testigo de cómo se filma, el tiempo que se necesita, la preparación, la espera. Vida y trabajo, rituales que tienen que ver con la vida y el trabajo se integran en la casa.

Avanzando en el fresco que el director nos quiere mostrar a partir de la casa de sus padres, donde además filma e interroga a sobrinos y hermanas. Se aleja para visitar a otra familia, dolida por la desaparición de uno de sus hijos. Aquí, la particularidad de Marruecos se hace presente. Relatos de varios miembros de la familia, marcados por la dolorosa muerte del hermano, siguen al doloroso relato de un represaliado político con serios problemas de reinserción, diez años después de salir de la cárcel. Un trozo de historia sumergida, de represión y de dolor, que nos recuerda el estado de la justicia del país.

Las filmaciones se prolongaron a lo largo de una serie de años, por ello vemos el proceso de envejecimiento y al mismo tiempo vemos como nuevos congéneres llegan a la familia. La hija del cineasta nace, y otro ritual entra en escena. A duras penas las lágrimas surgen del esfuerzo por abrir los ojos por primera vez, expulsada de la placenta que fue morada durante 9 meses. Una nueva inquilina llega a la casa y le esperará el sacrificio de ser nombrada.

El cineasta se pregunta de dónde vienen sus sueños y de donde viene el, constantemente está verificando esta procedencia. La circuncisión, por ejemplo, también responde a estas interrogantes, el ritual como señal de procedencia pero también como forma de entender la vida. Rituales vivos porque se reproducen día tras día, en la vida y en la muerte. Probablemente el cineasta esté mostrando a través del ritual algo muy sencillo, procedo de este mundo donde se hacen estos rituales, que son tan míos como los muestro.

La muerte del chico desaparecido y el sufrimiento de la familia, precede al duelo por la muerte del padre del cineasta. Aquí arranca otro y definitivo ritual, el del enterramiento, coetáneo al del sacrificio por el nombramiento de su propia hija. Uno muere y otra será nombrada, uno es llorado y despedido con plegarias y deseos, y otra es aclamada y bienvenida con alegría. Vida y muerte de nuevo, de la mano, que reflejan un fresco personal, sintetizado en una sola premisa, en la vida y en la muerte siempre filmando.

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