Beats of the Antonov: la identidad en tiempos de guerra

Autor: Álvaro Alcaraz

El irónico título de este largometraje del director sursudanés Hajooj Kuka condensa elocuentemente la situación actual de las regiones del Nilo Azul y de los Montes Nuba, en la que el constante estado de guerra lleva a los refugiados de la zona a tomar sus mejores armas, que son sus sonrisas y sus instrumentos musicales. El incesante sonido de la rababah (instrumento tradicional de cuerda frotada) unida a la alegría implacable de los refugiados forman una melodía cuyas notas sincopadas son el estruendo de los bombardeos del Antovov (avión bombardero de fabricación rusa).

La música y el baile tienen una función catártica en la que se trata de generar una amnesia colectiva que permita la evasión temporal de los problemas, del dolor de la guerra y sobre todo del constante estado de alerta que producen dichos bombardeos. La música es una vía de expresión que supone una válvula de escape de las tensiones y produce una felicidad instantánea, que cohesiona a miembros de la comunidad.

A lo largo de la película se suceden los testimonios de los refugiados, de los músicos, de los miembros del SPLA (Sudan People’s Liberation Army) y de la etnomusicóloga Sarah Mohamed, los cuales aportan una consistencia antropológica al documental. Las entrevistas y las imágenes de la realidad de esta región se nos presentan de una forma ágil, que vienen aderezadas por la enérgica música y el ritmo de la vida cotidiana de sus gentes. Todos los testimonios recogidos son un alegato contra la guerra y muestran una visión crítica sobre el conflicto.

Esta guerra tiene su germen en la eminente pérdida de identidad de los habitantes del norte de Sudán, en especial de la capital Jartum. Dicha desidentificación forma parte de la paulatina arabización e islamización que sufre y envuelve a Sudán. Este proceso se reproduce por varias vías como la lingüística, la cultural, la étnica y la religiosa, en el que cobra preeminencia la cultura y la lengua del pueblo árabe.

La arabización además de imponer su cultura hegemónica trata de eliminar los elementos africanos y los rasgos negros de los sudaneses, por tanto, se puede hablar de un proceso que se libra en varias dimensiones, una de ellas, como se afirma en uno de los testimonios, es en el subconsciente de todos los sudaneses, en el que se niegan a sí mismos.

Sin embargo, esta guerra por la suplantación identitaria, o en otras palabras, por la aculturación forzada está generando un efecto adverso al que esperaba el Partido del Congreso Nacional dirigido por Omar Hassan al-Bashir. En lugar de lograr una homogeneización cultural está dando lugar a movimientos revitalizadores de la cultura local de las regiones atacadas, los cuales tratan de poner en valor aspectos como su lengua, su música, sus costumbres o su arte entre muchos otros.

A pesar del sufrimiento que viven los moradores de las regiones del Nilo Azul y de los Montes Nuba, no es todo negativo, las contradicciones culturales del poder central ligadas a las experiencias vividas por los sudaneses de estas regiones están dando lugar a un período muy fructífero en la creación artística de contracultura, la cual refleja los verdaderos valores y motivaciones de los sudaneses. Como afirma la etnomusicóloga Sarah Mohamed, hay un Sudán feliz que ama la vida y que no se representa con las imágenes proyectadas desde Jartum.

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